19 septiembre, 2015

Vasos comunicantes

Parece que el personal anda muy preocupado con esto de los refugiados, de los inmigrantes y de los asilados. Se habla de ellos como si fueran invasores de otro planeta, como aquellos del dedo meñique tieso de la tele de los 70. Sin embargo se trata de personas del planeta Tierra, de la especie Homo sapiens. No se trata ni siquiera de subespecies, sirius, niger, senegaliensis, etc... Son de nuestra misma especie. De la misma a la que dio nombre Linneo. No hay ninguna duda.

Pues aún con la plena seguridad taxonómica, hay borricos que piensan que se deben cerrar las fronteras, porque ya tenemos bastantes problemas nosotros como para, aún encima, admitir a toda esa turba. Estos mentecatos, que debo aclarar que no solo son de derechas, escuché verdaderas estupideces de «progresistas confesos», estos mentecatos, insisto, no entienden nada. Se ve que no fueron a la escuela el día que explicaron la lección de los vasos comunicantes.

A ver si se la explico y no la olvidan. Es, más o menos así: cuando en un conjunto de recipientes, que contienen un fluido y están comunicados, se aumenta la presión en uno de ellos, por ejemplo, por adición de más fluido, esta se transmite en todas direcciones hasta que se iguala. Cuando se observan, se ve que todos los vasos tienen al final el mismo nivel. Pues bien. La población del planeta funciona igual: cuando se aumenta la presión (hambre pobreza, guerras) en el «fluido humano», se producen movimientos en el mismo que tienden a minimizar esa presión hasta igualarla. ¿Cómo? Mediante migraciones masivas.

Lo anterior, quiere decir que el hambre y los conflictos disminuirán en los lugares abandonados por la gente. A menos población más recursos y menor probabilidad de morirse reventado por una bomba. Y, claro está, también quiere decir que la conflictividad aumentará en las zonas de recepción al integrarse una población nueva que tiene que comer, trabajar, vestir, divertirse, rezar (los que lo hagan)... En definitiva vivir y luchar por los recursos. Da lo mismo cómo se pongan los más recalcitrantes. Vendrán tantos como sea necesario para que el sistema se reequilibre. Y lucharán con nosotros por obtener recursos. Y no hay fronteras ni leyes que puedan impedirlo.

Lo más curioso de todo es que está en manos del mundo opulento resolver el asunto. Basta con abrir la válvula y liberar presión. Basta con dejarles comerciar con sus materias primas; con no malmeter para que estén en guerra permanente; con darles acceso a la cultura, en lugar de atontarlos fomentando  el liderazgo de fanáticos religiosos. En fin, cosas que son fáciles de hacer si en esta parte, en este recipiente, se elimina la causa que produce el aumento de presión en el otro lado: la ambición desmedida de unos pocos, sostenida además por muchos que mantienen con su asentimiento a gobiernos incapaces de hacer leyes que impidan determinadas prácticas empresariales, económicas y financieras que ahogan a continentes enteros.

Las personas podemos soportar un cierto nivel de sufrimiento, de hambre y de conflicto en nuestra patria. Pero superado este, la patria se va a la mierda, coges lo mínimo, y te largas a pegar mordiscos adonde los perros están atados con longanizas. ¿A que es simple esta cosa de la física?

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