30 agosto, 2014

Violencia machista: nada cambia

La amplificación que realizan los medios de comunicación del problema de la muerte de mujeres a manos de hombres hace que se tenga la impresión de que cada vez se producen más asesinatos, que este país es cada día más machista, y que la protección a las víctimas es completamente ineficaz. Estos medios no dejan de comportarse como parte interesada al señalar la componente política del asunto. Tampoco pierden la oportunidad de dar voz a asociaciones que acusan, con razón, al ministerio y al ministro (ministra en este caso) responsable de inoperancia,  y a jueces y policía de inacción o laxitud ante un problema tan enorme; aunque no sea nada más que por sensacionalismo.

Pero si uno no se deja impresionar por el ruido, y echa mano de los datos, la cosa cambia. Los datos, siempre los datos, son tozudos, y la conclusión a la que se llega al primer vistazo es que, desde 1999 hasta ahora, las cosas no se han modificado, ni a mejor ni a peor. Todo sigue igual a pesar de haber creado, en todo este tiempo, un sinnúmero de instituciones nacionales, autonómicas, provinciales y locales con un montón de dinero disponible para ocuparse del problema, y con otro montón de cargos políticos, de técnicos y administrativos de todo tipo para gestionarlas. Toda una parafernalia montada alrededor de la violencia machista para que todo siga exactamente igual. Estos son los datos oficiales del Instituto de la Mujer:

   Año              14    13    12    11    10    09    08    07    06    05    04    03    02    01    00   99                
                     (5/08)
TOTAL           34 54 52 61 73 56 76    71 69 57    72 71 54   50    63   54

Lo que nos dicen es que la media anual de muertes en estos 15 años es de 62 mujeres; también que hay oscilaciones considerables; y también que no hay ninguna tendencia consolidada, ni a aumentar ni a disminuir, de estas cifras.

Si hubiera que hacer algún análisis, aunque cogido con pinzas, podríamos hablar de que hay tres periodos:


  • de 1999 a 2002 (media de 54 asesinatos / año)
  • de 2003 a 2010 (media de 68 asesinatos / año)
  • de 2011 a 2014 (media de 56 asesinatos / año, sin incluir 2014, que está incompleto)
Si realmente todo esto tuviera que ver con la acción gubernativa, política, policial y judicial, podríamos decir, falsamente, que las políticas fueron menos acertadas entre 2003 y 2010 y mejor dirigidas en los otros dos periodos. Sin embargo sabemos que no es así.

Es bien conocido que el gobierno de Zapatero hizo un mayor esfuerzo contra la violencia machista, al menos así lo parecía con la creación de un ministerio de Igualdad y unas cuantas acciones más que parece evidente que no dieron resultado. También es bien conocida la actitud pasota del ministerio actual de Ana Mato a este respecto. Para la ministra, al menos eso dicen, la mujer donde debe estar en en casa en «sus labores» y, además, debe ser sumisa, como manda la Iglesia. Parece contradictorio, pero, con los datos en la mano, las cosas van mejor en el último periodo, a pesar del repunte brutal de estos últimos meses. Toda una paradoja.

Lo que se desprende de todo esto es que la violencia machista y el asesinato de mujeres poco tiene que ver con la acción política y con el dinero que se destine a ello. O eso, o que lo que se hace es completamente desatinado y que los fondos que se destinan son malgastados. Es lamentable, pero los números parecen hablar de esa manera. Tenemos una violencia machista endémica atrincherada en la sociedad y ningún gobierno de los que tuvimos, ni con todo el dinero del mundo, fue capaz de eliminarla; ni siquiera de hacerla decrecer significativamente.

El asunto es de una gravedad extrema. La violencia contra las mujeres es execrable y, en mi opinión, solo se reduciría de dos formas: con cultura y formación, para el futuro, y con contundencia legal, hasta límites extremos, para evitar males mayores, en el presente.

Las mujeres maltratadas tienen que ser obligatoriamente protegidas. Es mejor emplear el dinero en esto que en jornadas de reflexión y en instituciones vacías que no sirven para nada. Planes de protección, policía de protección, pisos, medios de todo tipo que impidan que los maltratadores puedan acercarse a ellas. Lo demás, a la vista de los datos, sobra, no es más que un medio de vida para unos cuantos cargos políticos. Los tiempos no están para bromas, y menos cuando hay muertes.

Y quienes maltratan a las mujeres, y son condenados por ello, han de ser señalados, aunque signifique privarlos de sus derechos civiles. Han de ser sometidos al escarnio público, ser conocidos, y reconocibles, para que todos el mundo sepa quiénes son y a qué atenerse. De este modo, es posible que quien tenga la tentación de sentirse un macho dominante con su hembra, se lo piense mejor al saber que hay una sociedad más poderosa y más dominante que él que le va a señalar y a rechazar de por vida. A ver si nos dejamos de una vez por todas de paños calientes, que esto es una cosa demasiado seria como para jugar a la política y al electoralismo con ella.

24 agosto, 2014

La gestión del descontento

Cuando en un sistema político no se introducen modificaciones, pequeñas, o grandes, para adaptarse a la realidad social cambiante, se produce el fenómeno del descontento. El modelo no es capaz de satisfacer las necesidades de la parte mayoritaria de la sociedad, a veces ni las más básicas. Los ciudadanos son tenidos por meros proveedores de votos para legitimar la subsistencia de una «clase» que, en lugar de ser representativa, se convirtió, precisamente por la ausencia de estos cambios, en una clase extractiva y parasitaria.

Los ciudadanos no son respetados como electores. Los ciudadanos son tratados como masa amorfa por unos partidos tradicionales cada día más alejados de la sociedad que los mantiene. Desde el momento en que en España aparece la democracia, después del periodo de Franco, merced a pactos subterráneos, la estructura de poder se orienta a la prevalencia de dos partidos nacionales y dos partidos nacionalistas en las comunidades «históricas» (los comunistas quedaban excluidos y los fascistas camuflados en lo que hoy es el PP). Estos grupos, admitidos ya en el aparato de poder, manejan los hilos de un sistema enclaustrado por una Ley Electoral encorsetada y una Constitución de bellas palabras, pero que no se cumple (nótese la posición de la Iglesia en un estado teóricamente aconfesional), y a la que solo se invoca cuando conviene (ilegalidad de la «consulta» catalana).

Los partidos tradicionales están cada día menos legitimados. Un ejemplo lo tenemos en las últimas elecciones al Parlamento Más de la mitad del electorado se quedó en su casa. ¿Por qué? Sencillo. Los electores, los ciudadanos, están descontentos. Y eso quiere decir que en la abstención hay un caladero de votos enorme donde pescar y que, quien sepa gestionarlo, obtendrá unos resultados muy superiores a los que tendría si tirara sus redes entre los que, aunque puedan estar descontentos, participan. Y aquí, en la abstención, difícilmente pueden faenar unos partidos anticuados, con propuestas conocidas, con promesas casi nunca cumplidas, cargados de ideologías, en muchos casos dañinas socialmente (ultracatólicos, Gallardón y compañía), y cuyo gancho electoral más habitual es tratar de mostrar y magnificar lo mal que lo hace el oponente.

De no cambiar su manera de entender la política; de no hacer propuestas atractivas de cambio real de las leyes principales (Electoral y Constitución); de no abrirse seriamente a la sociedad y eliminar de su interior todo atisbo de corrupción con expulsiones y purgas generosas para que el pueblo sacie su sed de sangre en este aspecto, de no hacerlo así, difícilmente obtendrán PP y PSOE resultados que les permitan gobernar con suficiencia.

La aparición de partidos como Podemos y sobre todo, la de un no partido, Ganemos, puede dar un giro copernicano al universo político español. Podemos pescó en la abstención y en quienes se sentían estafados por el PP y el PSOE. Pero Ganemos va un paso más allá, y ese es el que va a tener serias consecuencias. Ganemos es un grupo de gente cuyo como principal objetivo es que la Sociedad Civil tome de nuevo el control, habida cuenta de la incapacidad de los partidos políticos para llevar un rumbo racional. Ganemos, y Podemos tal vez, quieren gestionar el descontento. Se dirigen a quienes no votan y a quienes, haciéndolo, sienten que no tienen opción alguna.

Las próximas elecciones municipales van a ser un test. Los intentos, especialmente del PP, de desactivar estos movimientos mediante la vieja estrategia de la difamación no parece que vayan a dar resultado. Es probable que acusar a Podemos de «bolivariano» (menuda gilipollez) produzca algún efecto. Pero a Ganemos no van a tener modo de meterle mano, pues sus raíces están hundidas en la Sociedad Civil. Así que, lo dicho. Las municipales van a estar entretenidas.


22 agosto, 2014

Reforma electoral para las municipales

Por qué tanta prisa. Los ciudadanos normales tenemos sospechas. Los ciudadanos normales, cuando un partido político nos dice que va a impulsar algo que nos «beneficia» nos ponemos de inmediato a la defensiva. Y es que ya estamos escaldados. Estamos seguros de que no nos va a beneficiar. Sabemos positivamente que un cambio en una ley para que todo sea más democrático, traerá consigo una pérdida de libertad, o de capacidad de lo que sea para el electorado. Y que solo va a ser bueno para sus fines.

Claro que esto no debería ser así; que los partidos deberían ser la fuerza impulsora que hiciera que la sociedad fuese cada día un poco mejor, un poco más justa y un poco más solidaria. Pero la experiencia nos dice que ellos actúan motivados exclusivamente por su propio beneficio: obtener o mantener el poder. No importa cómo. Engañar, subvertir, acusar, falsear, destruir... Cualquier cosa vale con tal de mantener el poder.

Nuestra ley electoral es mala o muy mala. Eso es evidente. Es una ley que favorece la mediocridad. Basta echar una ojeada a la mayor parte de los diputados y senadores. La ley electoral debe ser cambiada. El sistema de listas es bochornoso. En una lista puede ir desde un imputado hasta un amigo que necesite trabajo, o cualquiera que necesite ser aforado. Vamos, que es una vergüenza. Para el parlamento nacional o autonómico el único sistema posible es la elección directa a una o dos vueltas, como tienen los países que de verdad son una democracia. Lo demás es todo un apaño.

Sin embargo, en el caso de las municipales, lo que se vota es a un equipo de gobierno. Luego un sistema de listas, de equipos, es razonable. También es razonable un sistema de doble vuelta estilo francés para no fragmentar demasiado los gobiernos de los ayuntamientos y evitar que se produzcan pactos interesados. Pero en este momento, este menda no se cree nada que venga del PP con el sello de beneficioso. ¿Por qué ahora y no antes? ¿Por qué a unos meses de las elecciones? ¿De qué tienen miedo? Por qué nos toman por imbéciles.

Dejemos pasar unos días, leamos la letra pequeña de la propuesta y lo sabremos. Pero, con toda seguridad, hay gato encerrado. Y de beneficio para los ciudadanos, nada. Así que, virgencita, virgencita, que me quede como estoy.

10 agosto, 2014

Ébola en expansión

El virus del ébola ataca de nuevo. Esta vez, además parece que el brote es serio, hasta el punto de desencadenar la alarma de la OMS, que decretó el estado de emergencia de salud pública internacional. El virus se expande ya tan rápido que los medios de control para impedirlo son prácticamente inoperantes. Esto quiere decir que, aunque nadie se atreva a escribirlo, que las probabilidades de que el brote de el salto al «mundo civilizado» son más altas cada día que pasa.

Se sabe que el reservorio natural de este filovirus es un murciélago comedor de fruta. Pero de los murciélagos pasa a otros animales: monos, antílopes y, lo más importante, a cerdos. Y los humanos comemos de todo. La infección se produce por el consumo de carne cruda de animales infectados, pero no solo de este modo. La manipulación de cadáveres de estos animales, o el proceso de sacrificio  y despiece, pueden infectar fácilmente a quienes las realizan y, estos, a su vez contagiar a las personas de su entorno.

Se dice en todas partes que el contagio no es fácil, que no se transmite por el aire, como la gripe, que se necesita un contacto más íntimo con el enfermo y que son los fluidos corporales de este los que hacen de vector del germen. Sin embargo la gente se saluda, se besa, se abraza, se aparea y se toca, o sea, intercambia fluidos, por lo que la expansión es imparable. Solo es cuestión de tiempo que alguien llegue infectado en algún vuelo procedente de un país con la epidemia activa. Es tontería controlarle la temperatura a la gente. Alguien perfectamente normal y sin síntoma alguno, puede estar incubando la enfermedad. El periodo de incubación puede ser muy corto, o llegar a tres semanas, por lo que un infectado puede infiltrarse en cualquier país en cualquier momento.

La cuestión es que el Ébola, como el SIDA, en su momento, inicia su camino en el inframundo, en África y, con toda seguridad llegará a todas partes. La miseria tiene la culpa de que la incultura y el hambre obliguen a la población a vivir de un modo que facilite el salto hasta las personas de estas infecciones, que en condiciones normales solo afectan a animales. Y siempre es en África, ese continente que, quién sabe por qué, interesa mantener en estado de pobreza extrema.

Bien, este es el precio. Ellos, los ultrapobres, pagan primero las consecuencias y las sufren en hospitales sin medios gestionados por nuestra caridad. Los muertos ya superan el millar. Pero, al final, la epidemia romperá las barreras y causará un problema de salud a nivel mundial. Y si no es de esta será de la siguiente. Porque esto de los contagios es una simple cuestión estadística: cuanta más gente haya infectada, mayores son las posibilidades de transmitir el microorganismo. Así que o nos tomamos en serio lo de respetar y desarrollar a toda África y dejar de una vez de atacar la dignidad de sus habitantes, o las cosas solo irán a peor.

30 julio, 2014

Un esperpento

Eso es, para nuestra desgracia, este país de países: grotesco, desatinado, de mala traza, birrioso, disparatado, contrahecho... Un esperpento. Cabrían mil adjetivos más, y ninguno positivo, para expresar lo que puede sentir un ciudadano normal, común y silvestre, cuando echa un vistazo general a lo que han hecho con esta nación de naciones un cuerpo de dirigentes sin mayor sentido común. Tal parecería que la sociedad civil se quedó sin valores o sin referentes, si no fuera porque todos sabemos que las élites en general en España, y sus naciones interiores, están, no ya a ras de suelo, sino en el subsuelo. Y la población, dividida por fronteras internas, huérfana de referentes de los que tomar ejemplo. Me refiero, claro está, a las élites políticas o colindantes con la política. A las élites que con sus actos determinan lo que es, y lo que no es una sociedad.

De manera sarcástica empleo el término país de países o nación de naciones. Personalmente los sentimientos nacionalistas me parecen una chorrada absoluta y más bien los escribiría con Z que con C. Pero es que, si uno se refiere solo a España cuando habla del país, no es moderno. Claro que siento aprecio por mi tierra, mi cultura y mis costumbres, y, además, mucho. Pero de ahí a hacerlas bandera y creerme una singularidad va un trecho enorme, por eso lo de la Z. Las «nazionalidades» son la primera cosa esperpéntica. Otro asunto sería un federalismo cuyo objetivo fuera facilitar la vida de la gente y hacer política de cercanía (modelo alemán). Aunque, tampoco pasaría nada con una buena distribución administrativa desde un estado central (modelo francés). Así que, se me perdonará si me produce risa, cuando visito el País Vasco, o Cataluña, y veo los esfuerzos y circunloquios que hace la gente para no decir España cuando hablan. Y cuando se les escapa, se ponen hasta colorados.

Sea el estado central, autonómico o federal el problema de las élites dirigentes es serio. Me explico. Un «president», Pujol, ejemplo para muchos españoles, catalanes y no, para mi incluso, de sensatez y equilibrio a la hora de hacer política, resulta ser un chorizo evasor de impuestos y cabeza de una familia de mafiosos que defraudan al fisco y que están cargados de millones situados en paraísos fiscales y obtenidos quién sabe cómo... Un Presidente de Gobierno que se esconde detrás de su cargo para no hacer frente a los cargos que pudieran imputársele por consentir las mordidas y la corrupción generalizada en su propio partido. Se cargó a un juez (Garzón) por investigar sobre el asunto, pero Rajoy es sabedor de que a la larga tendrá que explicarse. Es serio esto, ¿no?

Más cosas... El fulano este de Gowex, Jenaro, creo que se llama. Era puesto como un empresario ejemplar, modelo de emprendedor; y todo dirigente que se preciara se sacaba una foto con él (Rajoy, Botella, Soria, el Rey...) y resulta que no era más que un estafador. Más... El exministro Matas, un delincuente que hubo que llevarlo a la cárcel casi a patadas, menos mal que no lo indultaron. Fabra, el de las gafas de sol de Castellón, otro producto de la cabaña ganadera nacional, un tipo con chulería, pero que ahora pide el indulto a través de sus amiguitos del alma. Cuando la trena planea sobre uno, se le aflojan las piernas, claro. Pero eran sus huevos los que hacían un aeropuerto en Castellón, o los de Matas mientras reinaba en Baleares. Rajoy, por cierto, siempre acertado él, los ponía a los dos como ejemplo de honradez. Valiente líder político, que no sabe por quién se moja.

Sigo... ¿Alguien se puede imaginar a un sindicato metiendo la mano en la caja de la formación de trabajadores? Pues en España sí. En España se emplearon cantidades astronómicas de dinero para la formación de la mano de obra y de los parados y seguimos teniendo una masa laboral sin formación. Lastimoso. Pues también va a costar meter presos a estos mentecatos. Lo mismo que a los valencianos del PP que se lucraron con lo de la visita del Papa, que llevaron la fórmula uno a la comunidad ejemplo, según Rajoy, de lo que debía ser España... La madre que los parió. Si llegamos a ser todos así estamos en la diáspora pidiendo limosna por todo el planeta.

Pues todo esto lo hacen nuestras élites. Las élites son quienes determinan lo que es y o que se percibe de un país. Las élites marcan la pauta. La pauta chusquera, en nuestro caso. La pauta de una sociedad que nombra doctor honoris causa a Mario Conde; expone el cadáver de Lola Flores al pueblo de Madrid, para que le presente sus respetos; y deja enterrarse a Severo Ochoa, premio Nobel de medicina y fisiología, en Luarca, Asturias, rodeado de unos pocos familiares y amigos. Qué curioso, ¿no? A mi me da la sensación de habitar en un plató de Telecinco.

Tal vez algún día, a la vista de sus logros, los dirigentes cambien el paso y empiecen a hacer lo correcto, en lugar de lo que pueda gustar a la chusma,  y, así, este país deja de ser un esperpento... Sí, tal vez algún día. Pero soy muy pesimista.

27 julio, 2014

Mil muertos en Gaza

He estado esperando antes de escribir sobre el conflicto, ya casi eterno, de Oriente Próximo. Me dije a mi mismo: «a ver cuantos muertos les cuestan a los palestinos los tres israelíes secuestrados y ejecutados ». Pensé en aquello de ciento por uno, pero no, me equivoqué, la cosa va camino de ser diez veces mayor. Y no va a pasar nada. Le darán a algún otro mequetrefe un premio nobel de la paz  por sus esfuerzos reconciliadores y al poco tiempo todo empieza de nuevo. El conflicto árabe israelí  sencillamente no tiene solución.

Si ahora mismo se realizara el milagro de la paz, serían necesarias varias generaciones para olvidar los muertos de uno y otro lado, cientos de veces más de uno que de otro, pero muertos al fin y al cabo, que serán magnificados y hechos mártires por ambos bandos. La reconciliación en un caso como este es imposible. Y los milagros, como puede verse, tampoco existen; ni siquiera para dos sociedades de tan alta religiosidad y que afirman ser ni más ni menos que los elegidos y demás monsergas. Lo que prueba también que si a un conflicto territorial le introduces la variable religión, la cosa se vuelve todavía mucho peor.

Además de todo lo anterior está la comunidad internacional, que la caga (con perdón) estrepitosamente en la gestión de un conflicto creado por ella misma al partir palestina en dos en los años cuarenta del pasado siglo. Palestina se dividió y a unos cuantos judíos se les dio la propiedad de lo que ellos tenían como la tierra prometida (manda huevos), y se expulsó a los árabes de sus espacios ancestrales. Claro, a ver quién evita un conflicto tras tal monumental cagada. Y eso que dicen que en aquellos años había políticos inteligentes. Aquí se lucieron.

El fanatismo de las clases dominantes judías es comparable al de las árabes. Hamás, por un lado y el ejército israelí, por otro no son más que meros instrumentos para infligir el mayor daño posible al enemigo. Si ambos pudieran, exterminarían al oponente, así de sencillo. Las clases dominantes trasladaron el conflicto al pueblo, generaron odio y radicalizaron las cosas de tal manera que es difícil encontrar aun judío que no justifique a todos y cada uno de los muertos entre los árabes, como lo es encontrar un árabe que no celebre la ejecución de un soldado enemigo o el éxito en el blanco de un cohete o de un hombre bomba que se haya llevado por delante a cuantos más mejor.

La cosa se convirtió en un problema de pueblos, pero no es más que un problema de clases dominantes. Clases interesadas en que la guerra perdure para siempre porque algo sacan de ella, no sé muy bien el qué, pero algo bueno, desde luego. Sin embargo el pueblo, a poco que le dejes tranquilo, lo que quiere es vivir en paz, criar a sus hijos y tener una juventud provechosa y una vejez tranquila. En esto son iguales israelíes y palestinos; por eso las épocas de paz no pueden durar demasiado. En esta ocasión fueron los palestinos quienes abrieron la caja de Pandora ejecutando a tres jóvenes. A Hamás le interesa que haya muchos muertos, cuantos más mejor, así se justifica su acción armada, y a los ultraderechistas judíos lo mismo: cuantos más muertos mejor.

Y si alguien tiene el botón para parar la masacre es alguien mecánico o tarado de mente a quien la muerte de cientos niños le importa un rábano. Pero es lo que hay.

14 julio, 2014

PSOE. ¿Amanece por fin...?

Pedro Sánchez acaba de ganarse el derecho a dirigir el partido de una manera incontestable: casi la mitad de los votos emitidos. Y aunque, a mi entender, la participación fue algo floja (67%), la legitimidad que le da haber sido elegido mediante sufragios directos de la militancia es un anclaje sobre el que puede sustentarse sin problemas para llevar a cabo los tan necesarios cambios para que el PSOE vuelva a ser percibido por la sociedad, y por el electorado, como un partido capaz de gobernar en favor de esta, en lugar de un grupo cerrado ocupado únicamente de si mismo.

En este blog he manifestado por activa y por pasiva mi incomodidad con la manera de hacer del PSOE y que ello me ha llevado, a mi y a unos cuantos millones de personas a las filas de la abstención activa. Sin embargo también he dejado claras mis simpatías por los presupuestos socialdemócratas como base para llegar a ser un país más igualitario, más justo, más competitivo y capaz de generar riqueza en cantidad suficiente para mantener y mejorar el estado de bienestar y de protección social, estado que fue destruido tanto por el PP, al activar el falso progreso basado en la construcción, como por los posteriores gobiernos del PSOE no pinchando la burbuja y manteniendo políticas suicidas de gasto en una situación de previsible crisis.

En una entrevista, hoy mismo, Sánchez dejaba ver su inclinación a trabajar seriamente para conseguir de una vez por todas un modelo productivo mediante el que España pudiera mantenerse y vivir no basado en el ladrillo. Este modelo debería ser capaz de soportar las necesidades básicas de una sociedad moderna mediante la competitividad y la innovación, tanto en el ámbito económico internacional como en el doméstico. Es una lástima que Zapatero y su equipo no hubiesen iniciado este trabajo. Cuántos años perdidos por ese error. Ahora hay que empezar de cero.

Lo que el futuro nuevo secretario general haga con el partido, así como el resto de mensajes que lance a la sociedad, va a encontrarse con la resistencia de la gran cantidad de estómagos dependientes, actualmente colocados en multitud de cargos en distintos puestos en las diferentes administraciones. Estos puestos, que no fueron obtenidos por méritos personales, sino por el posicionamiento en favor de un «líder», o más bien un cacique local, regional o nacional, van a vender caro su desalojo de sus poltronas. Sánchez debe dejar claras sus intenciones en este aspecto.

También debe acometer la nueva cabeza del PSOE las imprescindibles acciones encaminadas a que la democracia interna sea la norma general para la colocación en las listas electorales. De las primarias no deben salir exclusivamente los cabezas de cartel, de estas llamadas al voto deben emanar las listas electorales. La colocación en la lista por lealtad, nepotismo, o simplemente por simpatía llevó a una selección de políticos con un serio problema de competencia. El PSOE está repleto de diputados y concejales competentes que no llegaron a obtener escaño porque no tuvieron los padrinos adecuados. El mismo Pedro Sánchez obtuvo su escaño por una carambola al abandonar el suyo alguien por encima de él en la lista.

El nuevo líder del PSOE tiene una oportunidad. En mi opinión el electorado está dispuesto en confiar de nuevo en el partido. Pero, atención, solo si se da un impulso serio a este tipo de iniciativas que lo acerquen a la sociedad y que a la vez sirvan para que personas agazapadas que no militarían en el partido por vergüenza ajena, den un paso al frente y pidan el ingreso para ayudar a transformar la sociedad española de una vez por todas y así, quitarles el control a los poderes eternos, y bastante oscuros, que vienen teniéndolo desde hace más de un siglo. No debe desaprovecharse la ocasión.

Se esto fructifica, por obligación, la derecha deberá reaccionar, democratizarse y desprenderse de sus elementos más retrógados si quiere tener alguna oportunidad electoral. De este modo ganaríamos todos, pues se establecería una competencia por el poder beneficiosa para el país y libre de parásitos. Los acuerdos de un cambio en la Ley Electoral y en la Constitución serían posibles y, por fin, se libraría de una vez a España de sus ataduras históricas.