27 septiembre, 2016

Sánchez decide pelear

Los resultados del PSOE en las últimas autonómicas no son culpa de su secretario general. Ni tampoco lo son los malos resultados obtenidos en todas las elecciones desde que hace un par de años Pedro Sánchez está al frente del partido. Desde luego que, como todos y cada uno de los dirigentes, de los militantes, de los simpatizantes, él tiene una parte de responsabilidad. Pero la causa de los deprimentes resultados no es otra cosa que el alejamiento de todo el PSOE de su electorado. Un alejamiento que viene ya desde antes de Zapatero.

Hubo con Zapatero un cierto acercamiento, más del elector al partido que del partido al elector. Más por causa del intento de mentira urdido por al PP tras el 11M que por una ilusión por una nueva forma de gobernar. «No nos falles», gritaban a la puerta de Ferraz los jóvenes después de la victoria de Zapatero. Pero falló; falló estrepitosamente. En lugar de hacer lo necesario para preparar a este país para una crisis que se veía venir, inició, a instancias del partido, una huida hacia delante con el único fin de no perder votos, un camino que llegó al paroxismo al negar una crisis que ya todo el mundo sentía en la nuca. Todo el mundo menos él y los dirigentes del PSOE, que querían seguir en sus baronías, secretarías y sinecuras sin importarles otra cosa.

Y el PSOE sigue siendo así en sus órganos locales, federales y centrales, un partido plagado de trepas y advenedizos. Se aceptó a regañadientes dar la palabra a los militantes para nombrar al Secretario General, y apareció un tipo, Sánchez, que sabiendo que aquello iba a ser de aquella manera se recorrió el país de punta a punta recabando apoyos entre las bases. Pedro Sánchez no le debe su cargo a nadie, lo que lo convertía en un tipo peligroso para el «aparato» federal y central que tenían otro concepto de como había que llegar a liderar el partido. Un concepto del que Andalucía es un claro exponente: una mujer sin oficio ni beneficio, cuyo único mérito es haber estado siempre en el partido y que en su vida dio un palo al agua que no fuera dentro de la organización para trepar es quien lidera la federación. Y este es el modelo que quiere el sector «crítico». Ni más, ni menos.

El intento de culpar a Sánchez y pedirle responsabilidades por los malos resultados es nada más que una muestra de la incapacidad de un partido para hacer autocrítica y de la necesidad que tienen algunos dentro del mismo de que nada cambie, de que cada uno conserve su feudo o su cargo, del que vive. Se elimina a Sánchez, se vuelve a la unión, se calman las aguas internas y malo será que no se mejoren los resultados aunque sea algo. No importa quién ni cómo gobierne, en la oposición se está estupendamente, y a lo mejor un día suena la flauta y los electores que ahora dan su voto a Podemos, o se abstienen, por alguna carambola del destino o por errores de los chicos de Iglesias, vuelven a votar socialista.

Sánchez ha hecho bien en hacer que el personal se retrate en un congreso y en no aceptar ser culpable de la negativa de la gente a votar a un PSOE con mil voces y en el que el líder está sometido a constante crítica por parte de sus compañeros. Tiene toda la razón: si alguien tiene un proyecto mejor, que salga y lo explique, primero, que vaya a primarias para la secretaría general, y luego en un congreso. Y si el Comité Federal no quiere que se haga un congreso, porque no le convenga a Susana y a unos cuantos más, tendrán que votarlo con claridad en el comité. Y aún así, si el Comité Federal decide no ir a un Congreso, Sánchez no dimitirá. Siempre le queda la consulta a la militancia, que fue quien le puso, a ver si quieren que siga, o que lo deje. El PSOE es de sus afiliados y militantes, no de unas cuantas docenas de bonvivants. Esos son los poderes de Pedro Sánchez. A ver quién da más.

Así que tendrán que ser otros, sí la jugada le sale al amigo Pedro, quienes resuelvan lo de impedir las terceras elecciones. Para este país es mucho más importante tener un partido socialdemócrata renovado, limpio y con un proyecto alternativo que evitar otra convocatoria. Me pregunto qué pasaría con el PSOE si se va a elecciones tras un congreso que hubiera puesto en su sitio a tanto golfo que se dice socialista. A lo mejor, milagrosamente, los votos regresan para quedarse. Quién sabe.

25 septiembre, 2016

Alubias de colores

Me llama la atención el editorial del diario El País en el día de hoy, 25 de septiembre, domingo electoral en Galicia y País Vasco. En él se llama al voto a «todos» y se indica lo «importante que sería que las urnas se llenaran de votos». Sin embargo no dice por qué. Un periódico con entidad, serio e influyente, como debería ser El País debería cuidarse de explicar y argumentar lo que propone. Y debería hacerlo porque, del otro lado alguien podría llamar a la abstención masiva sin argumentar por qué, y esto sería considerado como una salida de tono. No por llamar a la abstención, que es una opción como otra cualquiera, sino por no hacer explícitos los porqués.

Unas elecciones consisten en la exposición de la mercancía por parte de los partidos. Si esta interesa al elector la compra, y si no, no. ¿Cuál es la razón para que nadie esté obligado a adquirir un género que no le atrae? Lo mismo que un mercado. Si lo que se ofrece no es del interés del cliente, no se compra. Más, si como en la lonja de la política española, las mercaderías ofrecidas no son demasiado atractivas, o el comprador tiene la sospecha de que se le va a engañar.

Supongamos que en el mismo ferial dos comerciantes ofrecen alubias blancas, uno más azuladas y el otro más rojizas; otro tiene expuestas alubias rojas y un cuarto, alubias pintas. El cliente no siente especial atracción por las dos últimas, luego, no va a adquirirlas, además se da cuenta de que las blancas tienen «bicho». Toma, por tanto, la decisión de marcharse. Pero cuando ya se iba, alguien se acerca y le dice que debería comprar alubias blancas de las rojizas, aunque estén medio podridas. Al preguntar por qué, la respuesta que se le da es que las alubias azuladas están todavía en peor estado. Insiste el potencial cliente en que el no compra género defectuoso, y su interlocutor le explica que si no compra alubia rojiza, el que vende las azuladas las va a vender, a pesar de su estado y va a ser más rico que el que vende las rojizas.

Lógicamente, el argumento de votar para contrarrestar los votos de otro es de poco peso. Sin embargo es lo que mantiene la abstención en los niveles actuales. De no ser por ello, probablemente el abstencionismo de base, sobre el 20%, como mínimo se duplicaría. Este estallido abstencionista, que puede darse en unas hipotéticas terceras elecciones, tras un año sin gobierno, no será desde luego culpa del elector, que ya habló en dos ocasiones, sino de la incapacidad de los partidos, los mercaderes, mercachifles en este caso, que son incapaces de llegar a acuerdos para exponer y despachar legunbres, como mínimo, en buen estado y no llenas de gorgojos.

En el País Vasco y Galicia se juegan hoy cosas algo diferentes de las que se juegan en elecciones generales. Los vascos y los gallegos pueden tener razones para ir a votar que no van a jugar en unos comicios estatales. No obstante, el índice de participación, si es bajo, puede ser un indicador bastante preciso de qué pueda suceder en diciembre si se llega, como todo parece indicar, a terceras elecciones.

Una muy alta abstención tampoco va a determinar mayorías pero será un toque de atención importante si se produce, porque los únicos responsables de ella habrán sido los propios comparecientes en la contienda.

20 septiembre, 2016

Respeto, por favor

Este raro país tiene unas clases dirigentes, de todo tipo, no solo políticos, cuyo respeto por los ciudadanos es mínimo, cuando no inexistente. Estos imbéciles (permítaseme, puesto que ellos piensan que justamente eso, imbéciles, somos nosotros) solo preocupados por su estómago y por su bienestar, están dispuestos a hacer cualquier cosa, la que sea, sin importarles las consecuencias que nos puede traer a los demás. Algo que no es nada nuevo, que viene ya de muy atrás, y cada año se acrecienta, como se incrementa la nómina de mentacatos entre los que toman decisiones.
La gente, en España, se acostumbró tanto a ser maltratada que todo le parece normal, es más, a algunos, hasta creen que está bien, algo lamentable y que indica que entre los viandantes también hay quien se las trae. Veamos algunos ejemplos que deberían hacernos, al menos, reflexionar sobre si no debemos hacer algo para apartar del poder a tanto necio cuyo corto intelecto solo le da para imaginar que los demás son tan palurdos como él.

Saltó hace nada la noticia de que los tribunales europeos dicen que la legislación española respecto a las indemnizaciones por despido son, no solo injustas, sino estúpidas. Si a uno le despiden, lo que cuenta para el cálculo de la reparación por el daño no es el tiempo trabajado, sino el tipo de contrato: los indefinidos, más; los eventuales, menos; y los interinos, nada, cero matacero. Estamos tan acostumbrados a la estupidez que algo tan evidente, y que no es de ahora, no lo vieron ni los jueces y magistrados de lo laboral en esta «madrastra» patria nuestra, sino que, para su vergüenza (bastante poca) tampoco lo notaron los sindicatos, más empeñados en asuntos de más enjundia, y más vergonzantes. Y nosotros, El Pueblo, tragando.

Fútbol, fútbol, fútbol...
En este raro país hubo unas elecciones hace nueve meses, que hubo que repetir hace tres porque aquí todo el mundo tiene un lápiz de carpintero rojo y se dedica a la infantil tarea de trazar líneas de las que no se mueve. Los límites de unos se cruzan con los de otros, de tal modo que aquí no se entiende ni dios, porque, además de no escucharse unos a otros, que no sea para responderse, en lugar de para comprenderse, se niegan a hablar de según que cosas. Así que hubo que repetir elecciones. Salió casi lo mismo (el puto Pueblo erre que erre), y siguen sin entender nada. Así que, con toda probabilidad, nos preguntarán otra vez. Algunos tienen la esperanza e que salga su opción, no por convicción del electorado, sino por aburrimiento. Claro que, nosotros, El Pueblo, siempre podremos optar por plantarles sin importarnos si se favorece o se perjudica a alguien. En román paladino, mandarles a la mierda, vamos.

Hoy escuché a un periodista deportivo (aquí) que, para mi extrañeza, se manifiesta perplejo de que en nuestra liga de fútbol ocurra que, cuando coincide que hay que jugar también entre semana para cumplir el calendario, hay ONCE días seguidos, ONCE, de partidos a diferentes horarios, que son: viernes, sábado, domingo y lunes (jornada anterior) martes (hoy), miércoles y jueves (jornada actual), viernes, sábado, domingo y lunes, jornada siguiente. ONCE días. El comentarista añadía que esto no ocurre en ninguna liga del mundo. Pero aquí, sí, porque, aquí gusta tanto el fútbol que no nos importa mirar la tele como alelados durante todo este tiempo. Cosas veredes.

Y hay más cosas, muchas más. Pero vamos a terminar solo con dos. La primera: en España le pides un crédito al banco para comprar una casa y si no lo puedes pagar porque las cosas te salieron mal, le devuelves la casa al banco, pero sigues pagando el crédito un montón de años más. ¿Una estupidez? No, España. La segunda: los catalanes promotores de la Diada hablaron de una asistencia de casi un millón de personas, 950.000. Por otra parte, el gobierno central, de interés contrapuesto, hablaba de 350.000. La cuestión es que hay medios muy precisos de contar la gente en estas concentraciones, por lo tanto, el grado de ñoñería de quien se empeña en dar cifras irreales es un asunto no menor. Una agrupación catalana SCC (Sociedad Civil Catalana), para saber de qué hablaba, encargó a la universidad de La Florida (EE UU) realizar un recuento preciso por métodos fiables. ¿El resultado? 292.000. O sea, ni el mismo gobierno central dio la buena cifra, simplemente, y a bulto, rebajó la cifra de los independentistas, estimada a bulto igualmente.

Estos pocos ejemplos permiten concluir que la gente no es merecedora de respeto alguno por parte  de las cúpulas dirigentes. Qué habremos hecho para merecer a tanto lerdo colocado en ellas.

15 septiembre, 2016

Proteger el culo

Rita Barberá está preocupada por su culo y lo protege. Rita Barberá, piedra angular del PP en Valencia desde que se fundó, toma la decisión de dejar el partido, dice, aunque, en realidad fue expulsada. Pero, Rita, no fue expulsada porque el PP no consienta las prácticas de las que será con toda probabilidad acusada, estas son habituales en el partido también desde su fundación, Rita fue expulsada porque estamos en periodo preelectoral y hay que tomar acciones con el objetivo de proteger culos, los culos de los candidatos a diputados en Galicia y País Vasco y el culo del propio Rajoy si quiere intentar otra investidura. El culo de Rita Barberá está bien asentado en su escaño, al que no renuncia y seguirá engordando por mor del jugoso sueldo y la inactividad, y por supuesto por ese anacronismo del aforamiento.

En el PSOE todos protegen su culo. El PSOE está hecho añicos, y no fue Pedro Sánchez quien lo rompió. Sánchez es secretario general votado en elección limpia por los militantes. Nadie nunca estuvo más legitimado para ejercer el poder en el partido. Sin embargo, unos estatutos «particulares» otorgan tal capacidad de acción al Comité Federal que el paso de Sánchez por su cargo fue, y es, un martirio. Como consecuencia de ello, Sánchez protege su culo: quiere seguir en su cargo por reelección y se dice NO a Rajoy porque intuye que es lo que quieren las bases que tienen que votarlo. Y lo mismo pasa en el otro lado: Susana Díaz, la lideresa trepa que escaló desde las juventudes hasta la cúpula en Andalucía, asegura la protección de su trasero oponiéndose a Sánchez y azuzando a sus perros (casi el resto de Barones) para seguir al mando del partido. Aunque Sánchez consiga seguir en la secretaría general, ella ganará (piensa) el Congreso por celebrarse. Y esto le permitirá seguir haciéndole la vida imposible a Sánchez resguardar su pompis. Y esto es lo que hay en el PSOE, una descarada confrontación que solo tiene que ver con proteger su salario, su estatus, su pandero. Así de simple.

Iglesias y Rivera, los nuevos profesionales de la buena vida, están no solo encantados de conocerse sino que también practican lo de resguardar las cachas. Iglesias, en plan Stalin, hace purgas o condena al ostracismo a cuanto adversario le mira a los ojos. Ahora mismo se está «encargando» de los levantiscos madrileños afines a su «amigo» Errejón. Naturalmente no hay nada ideológico el ello, tan solo hay un objetivo fácil de comprender: proteger su propio culo y el de sus adláteres, como en todos los casos anteriores. Rivera también preserva de todo daño sus atléticas nalgas, se une a quién sea en un muy loable intento de que se forme gobierno. Pero no hay altruismo detrás de ello, solo hay un marcado instinto de conservación de sus posaderas y de las de sus acólitos.

¿De verdad alguien se cree que todos estos están aquí para representarnos y resolver nuestros problemas?

10 septiembre, 2016

Tortura

El electorado español llevará diez meses sometido a suplicio. Fue llamado el pasado 20 de diciembre de 2015 a las urnas y manifestó su voluntad. La voluntad del pueblo es, o debe ser, entendida como el resultado del recuento de votos. En aquel caso dio un fuerte palo al bipartidismo. aparecieron cuatro actores de mayor o menor relevancia para la representación, pero cuatro. Sin embargo, unos y otros interpretaron su papel equivocadamente. No es cuestión aquí de incidir en qué se equivocaron porque ya está muy dicho y los análisis son tan variados como los analistas. Pero el resultado de sus errores fue que se tuvieron que convocar segundas elecciones.

El 26 J, tal como se preveía las cosas siguieron igual, con cuatro actores y solo un no muy significativo baile de escaños hacia el PP, fruto de la «amenaza» por la absorción de IU por parte de Podemos. Pero, en esencia, todo igual, el mismo reparto, y los mismos problemas, el más importante: ni derechas ni izquierdas suman mayoría suficiente. Bueno, en realidad, si consideramos a Ciudadanos derechas, si suman. Pero las derechas nacionalistas no se llevan bien con las españolistas: una simple cuestión de intereses, porque, los objetivos son los mismos.

A todo esto, los ciudadanos, que habían resistido los primeros momentos del suplicio bastante bien, ya empezaron a quejarse al ver que pasaba el verano y aquí todo seguía igual: la gente trabajando, los que tienen trabajo, y los políticos tocando el violón y cobrando su salario, a pesar de no hacer su trabajo, un asunto este para pensárselo, lo de no pagarles hasta que no ofrezcan resultados. El dolor infligido ya empezaba a ser difícilmente soportable. entonces llegó el alivio con el intento de investidura de Rajoy, apoyado por Ciudadanos. Pero la cosa falló.

Ahora parece que hay movimientos en el otro sentido: el PSOE lo quiere intentar y Podemos, ofrece su mano (garra) tendida. Pero hace falta convencer a Ciudadanos para que, al menos, se abstenga. Pero Iglesias y Rivera, como Rajoy y Sánchez, tienen poca o nula afinidad personal, se les ve, más que adversarios parecen enemigos, y eso es un grave error. No obstante, si nace una alianza entre PSOE y Podemos, el partido de Rivera debería abstenerse, como debió haberlo hecho el de Iglesias en su momento. Así demostraría esa responsabilidad para con el país que dice tener, al contrario que otros. Será una buena ocasión de demostrarlo.

No obstante todo lo anterior, el riesgo de elecciones sigue ahí. Nadie parece haber entendido que a los electores se les está sometiendo a tortura, y que llamarlos una tercera vez, aparte de un fracaso rotundo de todos y cada uno de los partidos nacionales (los nacionalistas van a lo suyo) sería como hacerlos tragar su propio vómito.

Es por lo tanto urgente hacer un gobierno, de la forma que sea; no importa demasiado porque el poder lo tiene en todos los casos el Parlamento. Pero es necesario estabilizar las cosas para que el estado funcione y para que la Unión Europea se normalice (España es la 3ª o 4ª economía de la zona Euro). La legislatura sería corta en cualquier caso, pero sería un respiro para que los partidos se regeneren (PP), se estabilicen (Ciudadanos) o reparen sus rotos internos (PSOE y Podemos) y la sociedad descanse. No se debe abusar del tormento para hacer hablar al reo; si muere, no dirá nada. No se puede llamar por tercera vez a elecciones, so pena de que una enorme masa de votantes decidan no acudir, transidos y hartos de tanto padecimiento.


02 septiembre, 2016

La pista de circo

El salón de plenos del Congreso no es muy grande. Según dice la información oficial mide solo 110 pies de diámetro, unos 30 metros. Es semicircular, como un teatro griego, y como teatro sirve. Pero no para grandes representaciones como las tragedias helénicas. En este teatro se representan esperpentos grotescos y desatinados interpretados por actores de baja estofa y más baja dignidad.

En el espantajo que no deja de ser la política española los ciudadanos no importamos. En realidad resulta difícil de entender qué es lo que importa para la caterva de impresentables que se sientan en los escaños. Sus partidos los pusieron en unas listas y nos los ofrecieron. Sus mayores hicieron campaña para vendernos una burra coja. Qué pueden llevar en las listas unos líderes absolutamente incapaces de hacer que este país tenga un gobierno.

La derecha es un petardo encabezado por un individuo cuya única virtud es una cierta socarronería en sus intervenciones parlamentarias cuando lo chinchan desde la parte contraria. Por lo demás un corrupto indecente que se sostiene en la punta de la pirámide de un partido todavía más corrupto e indecente que él. El centro, o derecha para algunos, una birria cuyo representante solo intenta mandar el mensaje de que con él se puede llegar a acuerdos. Uno se pregunta a qué acuerdos. Es fácil hacer acuerdos que sabes que no van a pasar de un mero papel firmado que no va a ninguna parte.

La izquierda es un detrito se mire por donde se mire. Un líder socialista incapaz de hacerse adulto y mandar a los barones a hacer puñetas y pactar con quien le venga en gana, que para eso lo pusieron ahí los militantes de manera abrumadora. Y en el otro lado una especie de mesías que, con el puño en alto y el sobaco sudado, se dedica a lanzar soflamas no demasiado ingeniosas para ponérselo a huevo al candidato, que lo destroza al recordarle que, ni él es el único demócrata allí presente, ni sus electores la única gente que hay en el país.

Tenemos un problema de partidos, unido a un problema de líderes (todo ello causado por la ley electoral en vigor). Los partidos no quieren ponerse de acuerdo porque lo que en realidad les importa es no poner en riesgo su cuota de poder, su teta nutricia, cuya leche sale del esfuerzo del resto de españoles, que, como gilipollas, dejamos que una parte de nuestros impuestos vaya a engordar el abyecto vientre de toda esta camada de parásitos.

Sí. Definitivamente el Congreso es una pista de circo en lugar de un teatro clásico. Una pista en la que, mayormente, actúan los payasos, unos payasos patéticos que solo tienen arte para faltarse al respeto, y faltarnos al respeto a todos los habitantes de este pobre y malaventurado país. Lástima que en este circo no haya fieras, leones, tigres, osos hambrientos, a ver si de una maldita vez los comen a todos.



25 agosto, 2016

El tropezón de Ciudadanos

Albert Rivera está empeñado en hacer valer su escasa fuerza en el Congreso para que España tenga un gobierno. Lo intentó primero con el PSOE y lo hace ahora con el PP. Pero, para su desesperación, está dándose de bruces con la aritmética: las sumas no daban con el PSOE ni dan ahora con el PP. Así, su ensalzable intento de impulsar un gobierno moderado por todos los medios dio, y dará en nada.

Uno tiene la impresión de que Ciudadanos solo quiere notoriedad, es decir, que la gente se entere de que está ahí y que puede llegar a pactos con otros. Y no deja de ser una buena estrategia en un escenario como el actual en el que los votantes se empeñan una y otra vez en no dar mayorías. Esta capacidad de adaptación le puede dar buenos resultados electorales sustrayendo votos al PP por su flanco menos derechoso y al PSOE por el propio menos izquierdoso. O no, quién sabe.

Ciudadanos juega a aprendiz de brujo. El PP no es un partido honrado, o en todo caso lo es menos que el PSOE. Y la cosa puede terminar convirtiendose en sumamente peligrosa. Ciudadanos no está calibrando bien el daño que les puede hacer la negociación con el PP. El hecho de que tuvieran que ceder posiciones en los temas de corrupción, en concreto en la cuestión de qué es y qué no es un corrupto, les puede llevar al desastre. El tropezón de su vicesecretario general, José Manuel Villegas al decir: «No es lo mismo meter la pata o meter la mano en la caja. La mala praxis en la gestión política no es corrupción política», es, aparte de una majadería, pegarse un tiro en el pie.

De los nuevos partidos, Ciudadanos y Podemos, se puede esperar cualquier cosa en el ámbito de las ideas o de la aplicación de las políticas, cada uno es como es, y punto. Pero cuando hablamos de corrupción, se espera de ellos que sean extremadamente inflexibles: su carta de presentación es la limpieza. Ciudadanos se acaba de ensuciar la cara al matizar, puesto que al hacerlo, se contradice a si mismo: Rivera y Juan Marín se jactaron de haber hecho dimitir a Chavez y a Griñan por corruptos, pero estos no metieron la mano en la caja, al menos que se sepa. Cómo lo van a explicar ahora.

Ciudadanos puede, y merece, perder votos si no rectifica o aclara su postura. Nadie va a creer en su honestidad en cuanto a la corrupción si se dedica a facetarla. Personalmente yo la pongo en duda si no rectifica. Corrupción es corrupción, no hace falta definirla ni ponerle grados, ni tan siquiera explicar qué es; se sabe: es un axioma. La política en este aspecto es como la geometría: no hace falta explicar por qué no puede haber un polígono de menos de tres lados, es también un axioma. Es absurdo precisar qué es corrupción.

El PP es un partido corrupto sostenido por los votos de gente que asume que no pasa nada por ser así. Hay siete millones de españoles que lo justifican y están de acuerdo. Ciudadanos se equivoca de plano al intentar un pacto con el PP, sea de legislatura o de gobierno. El PP es terreno prohibido en asuntos de pactos, quien vaya con él adonde sea se está manchando. Únicamente sería justificable negociar con el PP si se tuviera fuerza de escaños suficiente como para que la mayoría dependiera de ello. En este caso sí, en este caso el PP estaría contra las cuerdas y tendría que ceder. Pero como esta no es la situación, lo único que está haciendo Ciudadanos es el bobo. Y, a tenor de las últimas declaraciones, que tachan de decepcionante la negociación, parece que empiezan a darse cuenta: el PP los está toreando.

El PP tiene una parte del electorado, siete millones de votos que prefieren sostener un partido corrupto hasta el tuétano. Si Ciudadanos quiere hacerle un favor a este país, y a sí mismo, mejor gira la cabeza y mira al resto de actores y trata de colaborar para impedir que el PP llegue al poder. Si se quiere, excluyendo a los nacionalistas, esto se entendería. Pero, el PSOE no parece dispuesto a dejar gobernar a Rajoy, salvo fuertes concesiones de última hora que el PP difícilmente hará, y en unas hipotéticas terceras elecciones, haber estado al lado del PP solo puede traerle una sangría de sufragios.