14 julio, 2014

PSOE. ¿Amanece por fin...?

Pedro Sánchez acaba de ganarse el derecho a dirigir el partido de una manera incontestable: casi la mitad de los votos emitidos. Y aunque, a mi entender, la participación fue algo floja (67%), la legitimidad que le da haber sido elegido mediante sufragios directos de la militancia es un anclaje sobre el que puede sustentarse sin problemas para llevar a cabo los tan necesarios cambios para que el PSOE vuelva a ser percibido por la sociedad, y por el electorado, como un partido capaz de gobernar en favor de esta, en lugar de un grupo cerrado ocupado únicamente de si mismo.

En este blog he manifestado por activa y por pasiva mi incomodidad con la manera de hacer del PSOE y que ello me ha llevado, a mi y a unos cuantos millones de personas a las filas de la abstención activa. Sin embargo también he dejado claras mis simpatías por los presupuestos socialdemócratas como base para llegar a ser un país más igualitario, más justo, más competitivo y capaz de generar riqueza en cantidad suficiente para mantener y mejorar el estado de bienestar y de protección social, estado que fue destruido tanto por el PP, al activar el falso progreso basado en la construcción, como por los posteriores gobiernos del PSOE no pinchando la burbuja y manteniendo políticas suicidas de gasto en una situación de previsible crisis.

En una entrevista, hoy mismo, Sánchez dejaba ver su inclinación a trabajar seriamente para conseguir de una vez por todas un modelo productivo mediante el que España pudiera mantenerse y vivir no basado en el ladrillo. Este modelo debería ser capaz de soportar las necesidades básicas de una sociedad moderna mediante la competitividad y la innovación, tanto en el ámbito económico internacional como en el doméstico. Es una lástima que Zapatero y su equipo no hubiesen iniciado este trabajo. Cuántos años perdidos por ese error. Ahora hay que empezar de cero.

Lo que el futuro nuevo secretario general haga con el partido, así como el resto de mensajes que lance a la sociedad, va a encontrarse con la resistencia de la gran cantidad de estómagos dependientes, actualmente colocados en multitud de cargos en distintos puestos en las diferentes administraciones. Estos puestos, que no fueron obtenidos por méritos personales, sino por el posicionamiento en favor de un «líder», o más bien un cacique local, regional o nacional, van a vender caro su desalojo de sus poltronas. Sánchez debe dejar claras sus intenciones en este aspecto.

También debe acometer la nueva cabeza del PSOE las imprescindibles acciones encaminadas a que la democracia interna sea la norma general para la colocación en las listas electorales. De las primarias no deben salir exclusivamente los cabezas de cartel, de estas llamadas al voto deben emanar las listas electorales. La colocación en la lista por lealtad, nepotismo, o simplemente por simpatía llevó a una selección de políticos con un serio problema de competencia. El PSOE está repleto de diputados y concejales competentes que no llegaron a obtener escaño porque no tuvieron los padrinos adecuados. El mismo Pedro Sánchez obtuvo su escaño por una carambola al abandonar el suyo alguien por encima de él en la lista.

El nuevo líder del PSOE tiene una oportunidad. En mi opinión el electorado está dispuesto en confiar de nuevo en el partido. Pero, atención, solo si se da un impulso serio a este tipo de iniciativas que lo acerquen a la sociedad y que a la vez sirvan para que personas agazapadas que no militarían en el partido por vergüenza ajena, den un paso al frente y pidan el ingreso para ayudar a transformar la sociedad española de una vez por todas y así, quitarles el control a los poderes eternos, y bastante oscuros, que vienen teniéndolo desde hace más de un siglo. No debe desaprovecharse la ocasión.

Se esto fructifica, por obligación, la derecha deberá reaccionar, democratizarse y desprenderse de sus elementos más retrógados si quiere tener alguna oportunidad electoral. De este modo ganaríamos todos, pues se establecería una competencia por el poder beneficiosa para el país y libre de parásitos. Los acuerdos de un cambio en la Ley Electoral y en la Constitución serían posibles y, por fin, se libraría de una vez a España de sus ataduras históricas.

07 julio, 2014

Estepa. ¿Ojo por ojo o desidia gubernativa?

Estepa no es más que un epítome, un resumen escueto de un problema general, y grave, que se da en todo el país: la impunidad de "los malos" y la impotencia de "los buenos". Los buenos son los ciudadanos normales, grises, estándar, los que trabajan, los que están jubilados, los que se defienden como pueden de las bofetadas de la crisis, pero que sobreviven respetando las leyes. Los malos son los inadaptados, los que se pasan la ley por el forro, los que delinquen, las más de las veces con total impunidad, los que, para más inri se pasean, chulos y fanfarrones por el medio del mismo pueblo o barrio donde cometen sus fechorías, porque saben que la gente normal les teme.

Por lo que pude leer, en Estepa, hace años que se producen robos y más robos sin que nadie, hasta el momento, hiciera nada por resolver el problema. La Justicia, la Policía (incluida la local), la Guardia Civil y los responsables políticos pasaron olímpicamente del asunto durante todo este tiempo: así de sencillo. De repente, la gente, que, por lo general solo se queja, pero nada más, se decide: se envalentonan unos apoyados en otros, en el grupo, en la manada, y los individuos pasan a convertirse en masa, en chusma indignada en estampida que carga contra quién tiene la certeza, o supone, que es la causa de todos sus males. Atacan sus viviendas, se llevan algunas de las cosas que les habían sido robadas y, ya puestos, provocan un incendio.

Entonces, como por arte de magia, todo el mundo toma partido. La Guardia Civil, la Delegación del Gobierno, los políticos locales, etc. Todos aquellos a los que se les da la oportunidad, a los políticos, me refiero, se les llena la boca hablando del Estado de Derecho, de que es la ley y la justicia quien debe actuar y de que el ojo por ojo no está contemplado en nuestro ordenamiento jurídico. Todo muy bonito, sí. ¿Pero que hay de los perjudicados? ¿Es que nadie piensa en el tiempo que llevan sufriendo? Ahora se les criminaliza por haberse tomado la justicia por su mano. Pues muy bien, será políticamente incorrecto, pero yo los comprendo. Y los comprendo por una razón muy sencilla: durante años pidieron justicia y se les negó, y cuando al pueblo se le niega la justicia, llega un momento en que explota.

Efectivamente, justifico (no defiendo) un acto delictivo. Lo justifico razonadamente por la inoperancia, la desidia, la indolencia y la indiferencia de quienes en la estructura social tienen la obligación de velar por la seguridad de los ciudadanos. Que en Estepa se haya robado y se robe impunemente a los vecinos es una vergüenza, por los robos y porque nadie haya hecho nada al respecto. Lo que me extraña es que la gente haya tardado tanto en movilizarse y tomarse la justicia por su mano. Algo que, con toda probabilidad, llevará a algún estepeño de los que más se significaron en esto del ojo por ojo a terminar entre rejas una temporada. Pero, sí, justifico lo que se hizo en Estepa. Qué deberían haber hecho. ¿Seguir con las denuncias y continuar igual otros cuantos años? Pocas alternativas tenían.

Estepa tiene 12.000 habitantes, policía local y cuartel guardia civil. Con toda seguridad se sabe quién efectúa los robos. Pero no se actúa, por lo que sea. Lo más probable es que por miedo, o desinterés, de las propias fuerzas de seguridad a meterse con clanes de delincuencia. Para qué complicarse la vida. O eso, o porque alguien les dice que no actúen, que también puede suceder. Porque, no estamos hablando de un barrio conflictivo de una gran ciudad en el que la red de delincuencia está entretejida de manera compleja, hablamos de delincuencia en pueblos pequeños, en los que se conoce todo el mundo y en el que todos saben quién es y quién no es trigo limpio.

01 julio, 2014

Liberté, égalité...

El expresidente Sarkozy detenido, o retenido, para declarar sobre la financiación ilegal de su campaña electoral... El expresidente de la Repúblic Francesa... Adoro Francia especialmente por cosas como esta. El expresidente de la república es comparable a nuestro exrey. ¿Alguien se imagina a Juan Carlos obligado a permanecer en una comisaría para declarar por presuntas irregularidades en lo que fuera? Pues en Francia lo hacen. Y no me cabe ni la más mínima duda de que son un país sensiblemente más avanzado, más justo y más democrático que el nuestro. ¿Por qué no tomamos nota? Fácil: porque no interesa a los que el amigo Pablo Iglesias llama, con toda la razón la casta.

Aquí se cargaron a Garzón por investigar la financiación ilegal del PP. La instrucción de Ruz por lo mismo lleva años y, salvo Bárcenas, no hay nadie en la cárcel. El fiscal del caso Noos pone a parir en un escrito a un juez que imputa a una simple infanta (¿qué es una infanta, aparte de nadie?). Una juez en Sevilla lleva también años detrás de los peces gordos del PSOE que hicieron trampas con dinero público. Pero no hay nadie en la cárcel. En España solo van a la cárcel los «pringaos». España es diferente... España es una vergüenza de democracia. Y hay quién se siente orgulloso de ella.

En España, cualquier pelagatos que haya ido en una lista electoral por obra y gracia de algún gerifalte de su partido, haga lo que haga, para juzgarlo, hay que armar un circo de dimensiones galácticas porque está aforado. No es que no se le pueda juzgar, pero lo que haya hecho debe ser instruido y evaluado por el Tribunal Supremo, oiga. Cualquier senador o diputado del tres al cuarto está protegido por una extraña ley, lo mismo que los diputados autonómicos, jueces, miembros de la realeza y altos cargos de no sé cuantas cosas. Me pregunto qué broma es esta.

Se me permitirá decir que entre el nuevo rey Felipe y yo no hay ninguna diferencia. Somos personas exactamente iguales, nacidos de útero y provenientes del acoplamiento entre un macho y una hembra de la especie. Por qué él va a ser inviolable y yo no. Y lo mismo puede aplicarse para cualquier otra persona. Por qué un diputado, un juez o un presidente del gobierno tiene que gozar de privilegios especiales respecto a ningún ciudadano. Pues por nada. Semejante diferencia no se sostiene, por mucho que se intente razonar. El presidente de los Estados Unidos puede ser juzgado, si delinque, por el mismo juez que un chorizo del Bronx. Aquí andamos con miramientos de que si familia real, de si gobierno o de que si la abuela fuma.

Francia da a menudo lecciones de democracia a todos. Lo lleva haciendo desde la revolución, allá en 1789. Liberté, égalité et fraternité siguen teniendo un significado. Los franceses menean el guindo las veces que sea necesario. Aquí hicimos una chapuza de Constitución y de leyes básicas pactadas con los franquistas que mandaban, para iniciar un camino democrático, y cuarenta años después, una etapa similar a la de Franco, no se ha avanzado nada en este aspecto. Nada. Siguen igual.

¿Seríamos aquí capaces de juzgar a Aznar por haber tenido cajas B en el PP, a González por los Gal, o al exrey, qué sé yo, por matar elefantes? No, claro que no. Por eso, hoy más que nunca... ¡Vive La France!


29 junio, 2014

Problemas reales y ficticios

Los sábados por la noche en algunos canales de televisión ponen entrevistas interesantes. Ayer le tocó el turno a un «futurible» del PSOE, Pedro Sánchez. Por lo que parece, Sánchez intenta acceder a la Secretaría General y para ello, aparte de tener que convencer a los militantes para que le voten, tiene que hacer un via crucis por los platós para hacerse la necesaria propaganda y para darse a conocer al público en general. Está en el guión, las televisiones nos someten, y someten a quienes quieren convertirse en algo en política, a una dictadura férrea... Véase el caso de Pablo Iglesias, que algún día se lo cobrarán, sin duda.

No quiero hablar de Pedro Sánchez, que me parece un tipo interesante y capaz. Le supongo la inteligencia y las habilidades necesarias para el desempeño de las funciones del cargo al que aspira. De lo que quiero hablar es de los entrevistadores y de las preguntas, de cómo se puede desviar la atención del espectador que no ande listo.

La primera cuestión que le plantea un mediocre «periodista» de El Mundo es qué opina de la independencia de Cataluña. Yo me quedé, francamente (con perdón), a cuadros. Aquel tipo estaba delante de una persona que aspira a ser el jefe del PSOE y le pregunta sobre Cataluña. ¿Para qué? Pues imagino que con la poco loable intención de meterle en un aprieto para ver si da una respuesta inapropiada sobre algo que no viene al caso.

Claro, Sánchez le da una respuesta de manual apelando a la Constitución y se acabó el problema. Mientras contestaba, el «periodista» parecía encantado de conocerse y estiraba el pescuezo orgulloso por la pregunta tan «inteligente» que había hecho. Lo que acababa de hacer el talentoso hombre se El Mundo era plantear un problema ficticio a alguien que no está allí para responder a eso y que, claramente, no va a decir lo que piensa en realidad. Pero, en fin, parece que la cuestión de los medios está montada así. Las entrevistas tienen que ser exprés, con ritmo, tontorronas, y los políticos utilizados como titiriteros para mantener las audiencias. Mientras, los periodistas allí presentes, algunos con un cociente intelectual que raspa lo mínimo, discuten entre ellos como verduleras para que se vea bien aquello de que hay dos Españas..., otro problema inventado.

A mi, que como escribo lo que me da la gana, no me preocupa decir lo que pienso, todo esto me parece una majadería de grueso calibre. ¿Es que nadie va a decir algo sensato sobre Cataluña? Algo como que a los catalanes se la sudaba el asunto de la independencia hasta que Mas (CiU) no se vio en aprietos por asuntos tan dispares como corrupción de la gorda y pérdida de credibilidad entre el electorado por la mala gestión de la crisis. No puedo entender que nadie diga claramente algo así. Porque esa es la realidad, y el «problema catalán» no es más que el problema de un partido político que no duda en utilizar cualquier artimaña para no perder el poder. «El estado no es importante, lo importante soy yo»

Eché en falta que a Pedro Sánchez se le preguntara sobre problemas reales. Por ejemplo: de qué manera va a acercar a su partido a la sociedad; qué va a hacer con los cientos, o miles, de incompetentes que tiene en el aparato; cómo va a captar gente nueva que no vea la política como una actividad para medrar o para que el partido sea grande; cómo va a enfrentar la recuperación de los millones de votos que están en la abstención; qué mecanismo cree que hace falta para que las elecciones en España pasen a ser democráticas de verdad y el parlamento represente al pueblo y no a los partidos... Vamos, gilipolleces de este estilo. O es que la prensa se está convirtiendo en lela, que es lo que parece al oír debatir a algunos de sus embajadores en las tertulias estas, que cada día se parecen más a las de telecinco en las que todos gritan, por sus hijos matan y ¡Uy lo que me ha disshhhoooo!

En fin, que lo dejo por hoy, que me está empezando a venir reflujo gástrico.


25 junio, 2014

Descomposición total

Si no fuera por esta extraña moral laxa, patrimonio único de España, de los cargos públicos en general, y más en concreto de quienes se dedican a la política en cualquier sentido, es decir que los sindicalistas también son de esta ralea, si no fuera por esto, yo creo que ya nos habríamos quedado solos, en el caos, o en una anarquía organizada, qué se yo. Pero aquí, todo lo relacionado con lo público, en especial con el dinero, huele a podrido, qué digo a podrido: huele a mierda pura.

Basta un breve repaso para empezar a temblar. Para empezar, lo más gordo: el caso Bárcenas y Gurtel, que viene a ser lo mismo y que lleva años en manos de los jueces, y parece que no va a terminar nunca. Lo que sí es seguro es que, pase lo que pase, no se van a asumir responsabilidades. En el PP, presuntamente, se robó, se malversó, se admitieron mordidas, se hicieron negocios oscuros, proliferaron las cuentas en Suiza, los jaguares, los viajes de lujo... Y no pasó nada. Su jefe, Rajoy, muy digno, calla lo que sabe y dice que todo está en manos de los jueces. Él es perfecto conocedor de que, al final, el juez encargado del caso dirá lo que quiera, pero todo va a quedar diluido porque la justicia forma parte de la trama de corrupción. Si no que se lo pregunten a Garzón.

Los ERE de Andalucía no dejan en muy buen lugar al PSOE. La imputada Magdalena Álvarez, según la juez, urdió una trama interna para poder desviar dinero por canales colaterales para emplearlo de manera ligera, si era preciso, que lo fue para hacer falsos ERE, prejubilaciones y montones de cosas moralmente reprobables. Esta señora resistió un tiempo como vicepresidenta del BEI, pero el listón moral, o ético, no sé, en el extranjero es un poco diferente y la exconsejera y exministra Álvarez tuvo que dimitir antes de que la echaran a patadas (el Banco Europeo de Inversiones es plurinacional, o sea de la UE). Eso sí, el PP pedía su dimisión. Para el PP el PSOE es corrupto y ellos están limpios. Otra prueba de la desfachatez de esta "casta", como les llama, no sin razón Pablo Iglesias, de Podemos..., que a ver lo que dura en su posición irreductible.

Los sindicatos están también encantados de conocerse. UGT de Andalucía tiene a gente detenida, da igual si de esta dirección o de la anterior, por malversar fondos para la formación de trabajadores en beneficio propio. La cosa es fuerte en momentos de paro galopante. Todavía no he encontrado a nadie que me dijera cuanto dinero, proveniente de la UE y detraído en las nóminas, se gastó solo para lucro de empresas de formación, sindicatos y empresarios de baja estofa, porque el nivel del trabajador medio en España no subió nada. Esto de la formación de parados es el mayor expolio de dinero público en este país en toda su historia. Y esto, todos: Partidos, Sindicatos y Empresarios lo saben, y callan. Callan porque quieren seguir con la práctica.

El Tribunal de Cuentas, que por cierto, nunca encontró nada serio en ningún partido (¿incompetentes, o es que lo componen los partidos mismos?), está plagado de enchufes entre sus empleados. De qué nos sirve un tribunal como este. De nada, es un gasto inútil. Y hay muchos más casos: Valencia, Pokemon, Palau, Noos..., que harían sonrojarse a una sociedad entera. Pero la sociedad española aguanta lo que le echen. Lo extraño es que todavía haya gente que crea que este sistema basado en el poder absoluto de los partidos, es democrático y va a votar. El sistema electoral basado en listas (lo mismo da que sean abiertas que cerradas) no tiene nada de democrático, no es más que un apaño generador de corrupción y clientelismo. A la vista está.

Por otra parte, está tan arraigado a los cargos públicos, políticos en especial, lo de hacer dinero en el ejercicio de su trabajo, que incluso se asocian a sicavs, para asegurar su futuro. Valenciano, Cañete e incluso el amigo Willy Meyer, comunista de pro desde los 70, tenían pasta metida en estos jardines en Luxemburgo, paraíso fiscal dentro de la UE. Y aunque, ahora que se sabe, el amigo Meyer renunció, me pregunto que hubiera pasado si no hubiese saltado la liebre.

De lo que estamos hablando es de cantidades de dinero tan grandes que, de estar en las arcas del estado, viviríamos con toda seguridad en un país con superavit; en el que el desempleo estaría en niveles aceptables; en el que no se habría hecho reforma laboral, ni se habrían tocado la sanidad ni la educación; y en el que, como consecuencia de todo ello, no habría millones de parados sin prestación ni millones de niños en riesgo de pobreza y con la posibilidad de pasar hambre este verano, si no lo remedia algún organismo con posibilidades de hacerlo.

Este país está descompuesto y, de verdad, yo siento algo de vergüenza por haber ayudado, en cierto modo, a mantener el monstruo con mi voto en unas cuantas elecciones. Pero esto no va a volver a ocurrir hasta que no cambie algo significativamente. Incluso empiezo a pensar que igual es bueno entrar en política e intentarlo desde dentro, pero soy pesimista..., muy pesimista.

24 junio, 2014

La soledad del español

Sostengo desde hace años que España es uno de los países civilizados en los que el pueblo tiene peor suerte. Sí, digo bien, suerte. Los habitantes de un país tienen que tener la suerte de cara para que, en los momentos cruciales de su historia, quién sea, construya un armazón legal básico para que las cosas se desarrollen en el futuro de la manera más favorable posible para los intereses generales, los de la mayoría del pueblo, en lugar de para los de las clases dominantes económicas y políticas.

En estas últimas semanas no he escrito porque me parecía que no merecía la pena hacerlo, ante el curso de los acontecimientos, en automático, tras la abdicación de Juan Carlos. La discusión monarquía o república me parece estéril en este momento: intoxica, más que aclarar el ambiente. El problema es de leyes: de la Constitución y de la Ley Electoral principalmente. Cambiar estas dos guías principales es lo básico. Lo demás vendría solo. Pero las leyes no se cambian chillando en la calle en el momento en que se produce un hecho significativo. Para que las cosas cambien, la presión tiene que ser constante, aunque sea de baja intensidad.

Cuando se hicieron las leyes básicas de nuestro país, tras el Franquismo, se prepararon para mantener los derechos de las élites extractivas y para que se unieran a estas élites las altas jerarquías políticas emergentes. Está claro que había que negociar en mínimos y que, en aquel momento, se necesitaba prudencia por parte de los partidos de izquierdas, aunque aspirasen a más. Había que ceder para después hacer modificaciones. Sin embargo, durante las mayorías amplias del PSOE no se hizo ni el más mínimo intento de adaptación a las necesidades y derechos del pueblo de estas leyes básicas. Ni se intentó con la Constitución y la Ley Electoral. El PSOE ya había sido comprado, y ahí sigue (sentido de Estado, le llaman a esto, yo le llamo pancismo). Y por esta razón no se puede hacer un referéndum sobre si la monarquía sí, o no. Así de simple. Las clases altas compraron, y barato, a los representantes de las clases medias y bajas.

Otra de las consecuencias del estatismo de la izquierda durante todos estos años, de toda la izquierda, es la vergonzosa cifra de aforados que tenemos en España, unos 10.000. Y hablo de la izquierda porque de la derecha española, salvo muy pocas excepciones, no se pueden esperar más que desgracias para las clases medias y bajas. La izquierda, que tiene en esta banda social su granero de votos, debía, desde el primer momento, haber dado un paso al frente en este asunto y renunciar de manera clara a cualquier tipo de aforamiento. Todavía no he visto a nadie del PSOE ni de IU ni de ningúna formación progresista decir alto y claro «renunciamos a ser aforados». Por cierto, por qué tiene que haber aforados. En Alemania no los hay, ni en Inglaterra, y no veo yo que sean países peores que España.

Sí. Definitivamente los españoles tenemos mala suerte con quienes se dedican a representarnos. Es como si cuando se llega a ser representante uno se volviera tonto. Esto hace que seamos un país con verdadera incapacidad para resolver nuestros problemas. El ejemplo más claro es el de la burbuja inmobiliaria que acentuó severamente la crisis en España. Se crea por el cambio de la Ley del Suelo por el gobierno de Aznar (primer error, la construcción galopante no es una actividad sólida); cuando el PP pierde las elecciones el 11M, el PSOE toma el timón y persiste en el error, en consecuencia, paro y más paro; y, al perder Zapatero las elecciones, llega Rajoy y nos salva a todos, banca incluida, cargando sobre los hombros de las clases medias y bajas el coste de todos los errores cometidos. Ahora, además, nos hace una falsa bajada de impuestos y para demostrar su ideología hace tributar a las indemnizaciones por despido, seas un banquero que cobras millones por irte a tu casa, o seas un currito que te dieron 100.000 € después de trabajar 30 años como un cabrón, que solo te van a servir para malvivir hasta que te puedas jubilar.

No hay remedio. Derecha, izquierda, centros de todos los tipos, podemos y 15emes... Da igual. De lo que realmente puede presumir un español es de la soledad y del desamparo en el que se encuentra.


07 junio, 2014

Ojalá no se gane el mundial

Sí. Yo, el que suscribe, no solo deseo que la Selección no gane el Mundial, sino que, si fuera posible, preferiría que no pasase de la primera ronda.

El mundial de fútbol es un acontecimiento "planetario" que hace enloquecer a las masas, especialmente de los países más pobres (por qué será). Un acontecimiento que al país organizador, Brasil, le está costando sangre en las calles. La gente en Brasil sencillamente no puede entender que se gaste una enorme suma de dinero en un acontecimiento semejante, mientras gran parte del pueblo pasa hambre y carece de las mínimas prestaciones sociales. Parece una paradoja, pero en Brasil, el pueblo, empieza a despertar: las necesidades vitales no parecían importar mientras su Selección ganase la copa, pero ahora ya no.

La incultura, en muchos casos, y la pasión irracional, en otros, impiden ver que es lo que se cuece y lo injusto que es, lo absurdo que resulta si se piensa. ¿Qué da el fútbol de valor a un país? Poco o nada. Puede que en algún momento, cuando lo que se jugaba era poco más que el honor de vencer en una gran competición, la pasión y la alegría colectiva estuviera, no solo justificada, sino que, además, fuera hasta sana, tanto para aficionados como para jugadores. Pero hoy no es así. Hoy el honor no cuenta, solo el dinero. Y en Brasil, la población parece haberse dado cuenta de ello, la chusma famélica ya no quiere bailar la samba cuando haya un gol.

En los países pudientes, el fútbol de élite es un deporte en el que unos niños ricos se lo pasan en grande y se hacen famosos mientras unos cuantos millones de alienados, sí, alienados, cantan sus victorias y sus hazañas como si fueran proezas épicas. Cuando uno ve aquí, en España, pero también en nuestros países vecinos, a las hordas de ultras dirigirse como un rebaño al campo a empujar a su equipo a la victoria, a cualquier precio; o a millones de hinchas celebrar como saltimbanquis la Champions, o la Liga, o lo que sea..., uno siente vergüenza, y algo de pena. Porque, de esta manera, se alienta la continuidad de un modelo, la verdad, bastante poco edificante.

Qué cada jugador de la Selección vaya a percibir 720.000 euros es inmoral en un país donde cientos de miles de niños van a pasar hambre este verano porque los comedores escolares van a estar cerrados. Cientos de miles de niños que van a cantar los goles con el estómago vacío. Y ya sé que el dinero no va a salir del contribuyente, que la Federación es riquísima (antes no, y era mantenida). Pero es inmoral, tan inmoral como el sueldo de los directivos de los bancos, tan inmoral como los sobresueldos en la política, tan inmoral como el fraude fiscal o que la gente de las preferentes se haya quedado sin dinero, o tantas otras cosas. ¿Es posible que nadie se haya dado cuenta de que esa cantidad, 720.000 euros, son más de 30 años de salario para un trabajador que gane 2.000 euros al mes? Una vida laboral completa.

El fútbol profesional solo tiene sentido cuando los jugadores, aparte de por la honra, jueguen por un salario alto, o muy alto si se quiere, que les permita vivir el resto de su vida cuando se retiren. De acuerdo. Pero, ¿cuantas vidas se pueden vivir con el salario de estos astros del balón? ¿De verdad tiene esto sentido? ¿No es una pena que un deporte tan hermoso se haya prostituido de esta manera tan miserable? Pues a mi me lo parece. Por eso insisto... No veré ni un solo partido del mundial y, cuanto más pronto vuelva a casa la Selección, pues mejor.